¿Quienes si no fueran tus manos que acarician
mi incertidumbre para renovar
la pasión de mis anhelos?
¿Aquellos cuyas fuerzas caminan por las nubes
que han dejado caer poco a poco
estruendos sobre las rocas que esconden
secretos bajo sus fauces?
Si no fueran tus labios dignos
de esta mi causa,
me habría dejado vencer por los látigos
que han azotado con voz mi espalda,
mi pecho y mi alma.
¿Que mas quiere la espina
que rodea con filo y odio
el pilar donde se encuentra la vida
que ha esperado sigilosa y atenta
por siglos
hasta que por fin llegue a su luz?
No hay manera de cerrar los ojos
y dormir agusto esta noche,
pues sus latidos, mujer alucinada,
se encuentran en una cama distante
pero cercana,
tanto que sus caricias en forma de perfume
impregnado en fotografías,
causan la descomposición
de mis gritos errantes
y mis manos que sangran con
madera retorcida cual cadena.
Cada paso abajo
cada color y forma en sus besos
al imaginarlos,
cada sonrisa marcada en mi cuello,
cada fragmento de uña enterrada en mi abdomen,
todo eso y todo aquello.
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